Camino Hacia La Madurez

Fray Luis Amigó

Los últimos 40 años de la historia amigoniana han visto la gestación, el nacimiento y los primeros pasos de esta “criatura”, la Familia Amigoniana, en el seno de la Iglesia. El Carisma Amigoniano va dejando de identificarse exclusivamente con la vocación del religioso/a y comienza a encarnarse en diversos estados y proyectos de vida desde los cuales se comparte la espiritualidad y la misión Amigoniana.

El movimiento franciscano

Francisco quiso comunicar a todos el Carisma recibido del Señor de vivir el evangelio con radicalidad en fraternidad y pobreza. Por ello, junto a los religiosos, articuló también un camino para que los laicos pudieran vivir esa misma vocación, desde su propio estado y en medio de sus cotidianos compromisos y quehaceres, dando cauce así al nacimiento de la Tercera Orden Franciscana Seglar. Con el tiempo surgieron en ella distintas opciones de consagración, religiosos/as, de sus miembros, buscando una mayor radicalidad en su seguimiento de Cristo. Entre estas opciones se encuentran las dos congregaciones que fundó el P. Luis Amigó, Terciarias y Terciarios Capuchinos. En la actualidad la Orden Franciscana Seglar está integrada por casi un millón de miembros.

Antecedentes en el P. Luis Amigó

El P. Luis Amigó se formó en su juventud en el seno de movimientos apostólicos laicales. Su apostolado juvenil, desarrollado en compañía de otros amigos en hospitales, alquerías y hasta en la cárcel, estuvo impulsado y favorecido desde la espiritualidad laical que bebió en Asociaciones tales como la Escuela de Cristo o la Congregación de San Felipe Neri.  Posteriormente ingresó también en la Tercera Orden Seglar Franciscana para implorar al Señor, por intercesión de S. Francisco, para que se resolvieran las dificultades que le impedían seguir su vocación.

Ya como religioso, y poco después de ser ordenado sacerdote, estableció grupos juveniles en la parroquia donde se encontraba, los Luises y las Hijas de María.  Poco después, fue destinado por sus superiores a la tarea de animación de la Orden Franciscana Seglar, precisamente en su tierra natal, Valencia, cuando ésta estaba prácticamente desmantelada después de 50 años de ausencia de los religiosos en España al ser expulsados por el gobierno.  Fue una labor titánica. Recorrió prácticamente todos los pueblos de la huerta valenciana reavivando la Tercera Orden allí donde existía y formando nuevas comunidades donde no se encontraba presente. Realizó distintas actividades multitudinarias con sus miembros como peregrinaciones al santuario de la Virgen del Puig.

Raíces laicales de las Congregaciones Amigonianas

Las dos Congregaciones amigonianas, tal como el propio Fundador se preocupa de anotar en su relato autobiográfico, tienen raíces laicales: “El progreso de la Tercera Orden Franciscana Seglar y el deseo de mayor perfección de algunas almas que querían consagrarse al Señor me impulsaban –anota el padre Luis con relación a la fundación de las Hermanas– desde hacía ya mucho tiempo a intentar la fundación de una Congregación de Religiosas Terciarias Capuchinas”. (OC, 68)

Los primeros apostolados que confió a las Congregaciones eran continuación de las mismas actividades apostólicas a las que preferentemente encauzaba los grupos laicales que animaba.

Precisamente por ello, para las Congregaciones amigonianas, compartir el carisma con los laicos significa, de alguna manera, volver a las raíces, y constituye una “forma de devolver a los laicos el regalo –el carisma– que en su día se había recibido a través de los mismos”.

Distinta expresiones de compartir el carisma

Aunque a lo largo de la historia ha habido distintas expresiones de este compartir el Carisma entre las Congregaciones religiosas y los laicos, como por ejemplo la Pía Unión de S. Antonio de Padua en vida del P. Luis y la Asociación de Cooperadores Marianos, no es hasta después del Concilio Vaticano II en los años 60 cuando se da una expresión más integral de ese compartir.

Van surgiendo distintas iniciativas en distintos lugares que poco a poco conducen a una mayor organización y concreción. En los Hermanos, el Consejo General a partir de 1983 se preocupa de crear los Cooperadores Amigonianos como cauce para una participación de tipo integral, ser y hacer, de los laicos en el Carisma Amigoniano. El 8 de diciembre de 1992 la Santa Sede, a través del Consejo Pontificio para los laicos aprueba los Cooperadores con su Proyecto de Vida como una Asociación privada de fieles.

Las Hermanas Terciarias Capuchinas también realizaron su propio proceso en todo este tema dando lugar a una nueva Asociación, el Movimiento Laical Amigoniano, igualmente aprobada por la Santa Sede, como Asociación Internacional pública de fieles.

Desde este momento, la mayor parte de los esfuerzos de las dos Congregaciones se dirigió a estimular el crecimiento de estas dos Asociaciones. Paralelamente a este desarrollo, se abrió paso la creación de los Grupos Juveniles Amigonianos que se concretan en los años 90 en los grupos Zagales y Juventud Amigoniana.

Distintos modos de participación en el Carisma

Con una nueva toma de conciencia de la relación entre laicos y religiosos en las obras apostólicas y del caminar de las Asociaciones de Cooperadores Amigonianos y el Movimiento Laical Amigoniano que, por ser apuestas exigentes, son generalmente para pocos, se va abriendo camino la institucionalización de otros modos de participación en el carisma Amigoniano: Educadores Amigonianos, colaboradores; benefactores; voluntarios, la Fundación Amigó y otras asociaciones…  Últimamente se está articulando en forma de modalidades de participación.

 Las dos Congregaciones y las dos Asociaciones de laicos han hecho una apuesta fuerte por la formación en identidad amigoniana a todos aquellos con los que se relacionan, la formación de animadores de laicos amigonianos y la opción por favorecer el protagonismo de los mismos laicos apoyando las distintas opciones de asociación que surjan de ellos.

 Articulación de la Familia Amigoniana

Aunque el nombre existe desde hace ya unos cuantos años, la nueva sensibilidad que supone este término apenas está despuntando en las dos Congregaciones y Asociaciones laicales. Se pretende ahora llegar a una comunión en el Carisma que, más allá de lo jurídico, permita sentirse en unidad de vida y misión entre todos/as los que lo comparten el Carisma en la diversidad de expresiones. Es la respuesta a la urgencia de la Iglesia de trabajar por la comunión, cada vez en círculos más amplios.

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